A día de hoy ya todos contemplamos la importancia del talento emocional en nuestras vidas y en nuestras empresas. Ya este talento es reconocido como la fortaleza con la que una persona alcanza su riqueza personal y profesional a corto y largo plazo.
El bienestar, el éxito, las riquezas… no llegan solas, deben trabajarse para ser alcanzadas. Hoy y siempre ha sido y es imprescindible el control de uno mismo para acceder a propósitos y llegar al éxito.
Ya casi no nos sorprenden: la volatilidad, la globalidad, la competencia de mercados, ni la desmedida rapidez en la evolución de la tecnología, aunque estos fenómenos no dejan de conducirnos hacia la ambigüedad, la complejidad y la incertidumbre. Naturalmente, lógico, y debemos estar agradecidos a ello, esto es lo que nos hace emprender más y mejor. Cuando conseguimos que la inseguridad, la duda, y el miedo no se conviertan en frenos o barreras sino en oportunidades para desarrollarnos, crecer y aprender más del conocimiento y la experiencia es cuando respiramos éxito.
Alcanzado este estado y esta perspectiva de oportunidad, a través de la verdadera conciencia damos prioridad a una gestión controlada de nuestras emociones. Advirtiendo la adversidad y la dificultad somos capaces de poner en acción una acertada gestión del estrés, de la ira y del dolor emocional. Del mismo modo, advirtiendo el logro somos capaces de poner en acción una oportuna gestión del reconocimiento y la satisfacción.
Al conocernos bien, tratando lo que más dolor nos provoca y lo que más gozo nos ocasiona, visualizamos y nos dirigimos al propósito sin miedo a la rendición o abandono y, con valentía, tenacidad y esfuerzo al resultado.
Al ser capaces de gestionar nuestros impulsos emocionales, somos capaces de regularlos, es decir, acortar el impulso que sabemos que no nos conviene para alargar el que nos beneficia.
Demos pasos paulatinos y tratemos nuestro emprendimiento como una experiencia agnóstica donde el centro siempre sea el producto y no la venta, la satisfacción del interesado antes que la propia.
Logremos huir de la competencia resolviendo problemas únicos con nuevos productos que beneficien a todo el mundo.
“El éxito nunca es accidental”.
Un bravo a todo sentimiento optimista del emprendedor: “El futuro siempre será mejor que el presente si se planea y se trabaja para hacerlo mejor”.
Atrae a tus empleados explicándoles que tu misión resulta atractiva no por lo importante que es sino porque tú estás haciendo algo importante que nadie más puede hacer de la misma manera. Cuéntales a cada uno de ellos porque tu compañía es el lugar ideal para ellos, si no lo consigues con alguno, entenderás que para ese no lo es.
Todos en nuestra compañía debemos ser diferentes de la misma manera, un grupo de personas afines, enteramente entregadas a la misión de la compañía. Cada individuo se distingue en gran medida del otro por su trabajo, un trabajo de responsabilidad única. (No cometamos el error de dar la misma responsabilidad a más de un miembro de nuestro equipo).
En nuestra compañía todos somos importantes.
En nuestra compañía se teje la inteligencia emocional, no solamente para humanizar la empresa y empoderar al equipo también para alcanzar un éxito continuado.
Hazte con la lectura “INSIGHT. El epicentro empresarial” y reflexiona sobre los trece marcos de referencia de la empresa humana.
La importancia de tejer la Inteligencia Emocional en la empresa.
Anna Matas.
@anna_matas_