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EL PASO AL LADO DEL FUNDADOR

SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR

¿Quién es el fundador?, ¿cómo vive la alquimia de la sucesión?

El fundador de una empresa suele ser una persona muy trabajadora, perseverante, tenaz y firmemente luchadora por conseguir su sueño, su pasión: su negocio, su empresa. Es educada en un tipo de vida donde ahorrar dinero y escatimar en gastos son los pilares decisivos para poder salir adelante y encontrar el éxito. Transmitir su unicidad característica y su actitud le convierte en la figura de autoridad suprema indiscutible en su entorno. Espera de los suyos el esfuerzo y el sacrificio que él dio, está dando y dará hasta su último anhelo participando sin mesura del apasionado juego infinito que da sentido a su vida y a su ser: su éxito empresarial.

A lo largo del recorrido hacia su propósito toma decisiones firmes y duras manejando una conducta sin reparos, en ocasiones, déspota, dominante y manipuladora. Sin fiarse de nadie más que de sí mismo, convencido de que solamente valida el respeto a la autoridad y la aplicación de la filosofía de premio-castigo, consigue llegar al éxito en soledad. Todo es supervisado por él y solo por él; confiando plenamente en sus propias posibilidades y capacidades, negando ciegamente los valores y el talento del otro es como va trepando por las escaleras del éxito.

No es una crítica, es un halago al personaje que en tiempos difíciles prefiere el dolor a la nada y consigue, jugando sus cartas de forma inteligente y reveladora, llegar a su fin.

La empresa que es fundada en las últimas décadas del siglo anterior, propiedad del fundador, se encuentra sometida a una estructura empresarial te tipo vertical donde dominan las jerarquías, el exagerado control y la deshumanización. Con la llegada del nuevo siglo; la volatilidad, la globalización, la revolución tecnológica, junto a la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad que generan tales fenómenos, convierten a la estructura empresarial en una contextura cada vez más horizontal en la que ya no pueden obviarse ni los valores, ni la habilidad social-emocional para alcanzar éxitos. Tres valores impropios en el proceder empresarial de pocas décadas atrás, como la confianza, la conexión y la colaboración de los unos con los otros, son hoy, valores imprescindibles para sumar individualidades creando talento entre todo el equipo. Actualmente en la empresa el éxito no es de uno, sino de todos. En la empresa de hoy todo el mundo es importante.

En definitiva, es la persona y su necesidad la que escoge la contextura, no una fórmula exacta. El fundador vive la costosa transición de la empresa:  a su empresa, constituida bajo la presión de una estructura vertical, actualmente, le urge girar hacia una estructura más horizontal para seguir presumiendo de empresa de éxito y sentido.

Para ello las nuevas generaciones de empresarios, los sucesores del fundador, quienes entran en la empresa de forma libre, reflexiva y meditada, viven la empresa familiar sin obviar las jerarquías, ni huyendo del control, aunque priorizando el liderazgo integral para conseguir el fin; atendiendo, comprendiendo, reconociendo y valorando la actitud y el resultado de cada uno a través de objetivos individuales en pro del objetivo empresarial común. No se trata de sumar individualidades, sino de crear sinergias a través del talento interno, disminuyendo el control y aumentando la confianza, fomentando la crítica constructiva y la aportación conjunta de nuevas ideas a la compañía.

Al igual que los hijos hacen el esfuerzo de entender el trabajo duro y constante que tuvo que hacer su padre para salir adelante, el padre, repleto de sabiduría y experiencia, hace el esfuerzo a la hora de juzgar el proceder de sus sucesores de que estos deseen llevar una vida equilibrada en lo que a trabajo y vida personal se refiere logrando este, superar con el tiempo, el sentimiento de indispensabilidad y reajustando en su vida sus propios valores hasta el momento escondidos.

(Como sugiere el profesor de desarrollo del liderazgo y cambio organizacional F.R. Kets de Vries “Resulta vital para el desarrollo de la sucesión que los predecesores logren superar el sentimiento de indispensabilidad”).

La empresa nace a coste del ingenio, el trabajo duro y la autosuficiencia del fundador mientras que la empresa familiar se eleva a coste del equilibrio entre trabajo duro y perseverante y del amor fraternal de los sucesores.  En esta transición se hace realidad la alquimia de la sucesión, constituyendo la empresa fundadora en la empresa familiar.

Añado y apoyo la cita que hace el especialista en la consultoría de empresa familiar Neil.N. Koenig en uno de sus artículos en el año 2000:

“Las empresas familiares son para el tipo de personas que admiro. Son personas que creen en la vida familiar, pues piensan que las familias son dignas de cualquier sacrificio que se haga por ellas, creen en el trabajo como parte de su realización personal y espiritual, creen en las empresas como una manera de expresar sueños, demostrar talento y hacer el bien, creen que sus empresas familiares pueden contar con lo mejor de los dos mundos: amor y trabajo al mismo tiempo”. Y sabiamente añade J. Fuentes Ramírez, en su libro “La sucesión en la empresa familiar”, “Las familias que afrontan el reto de trabajar y continuar con sus empresas familiares son personas valientes y atrevidas, que no se rinden a las primeras de cambio. Asumen el desafío de superar con éxito lo que la mayoría de gente desea evitar: dirigir con éxito sus empresas, al mismo tiempo que también intentan dirigir con éxito sus familias ¡trabajando juntos un día sí y otro también! Son personas que entienden que las cosas de familia están repletas de enormes contrastes que hay que saber gestionar con “mano izquierda”. Son personas que creen que con trabajo y voluntad se supera cualquier tipo de adversidades”.

Anna Matas.

Coach empresarial- mediadora en Protocolo de sucesión de empresa familiar.

anna@annamatas.com

www.annamatas.com

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