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LOS LÍDERES SE CONOCEN.

Todos somos líderes y toda nuestra vida está llena de oportunidades de liderazgo. Podemos ser líderes en todo lo que hacemos: en el trabajo y en la vida diaria cuando enseñamos y aprendemos de los demás.

¿Por qué solamente unos pocos ejercemos de líderes si todos podemos hacerlo?

Para liderar a otros debemos empezar por liderarnos a nosotros mismos y aun teniendo todos y cada uno de nosotros tal capacidad, muy pocos nos aventuramos a hacerlo por temor a conocernos bien. Además, y en todo caso, siempre es más fácil y más cómodo dejarse llevar por la inercia que marca la vida que pensar, analizar, valorar y manifestar propios propósitos; incluso teniendo la certeza de que al no hacerlo no disfrutamos de la satisfacción personal, ni profesional. Nos conformamos con la suficiencia aun sabiendo que la excelencia a la que todos de forma más sencilla y natural de lo que pensamos podemos llegar. Una excelencia que representa el equilibrio, la felicidad y el éxito.

Cuando uno se plantea con deseo y voluntad conocerse a sí mismo, es decir: a entender lo que uno valora, lo que uno quiere, basándose en determinados principios y enfrentándose con una visión coherente al mundo, empieza de forma natural a liderarse. Al liderarse él puede y desea liderar a los demás, pues el liderar no es un acto, es una forma de vivir que influye, inspira e impacta en los demás a través del ejemplo. Solamente a través del amor y del agradecimiento de uno mismo y de los demás encontramos el sentido que tiene la vida.

¿Puede alguien pensar que la vida nos ha invitado a estar y a ser por el mero hecho de pertenecer y, nada más?

Nuestra esencia es pura y viene acompañada de un talento especial y único para cada uno. La vida nos regala el talento para que lo ejerzamos al servicio de la sociedad.

Si cada uno de nosotros descubriera su talento y con deseo y voluntad sirviera a partir de él, el mundo sería “la bomba”, en el mejor sentido de la palabra.

La comparación sistemática, la envidia, el orgullo, el resentimiento, los celos, el rencor, entre muchas otras emociones impactadas por la fuerza y no por el poder del amor, son las reacciones que borran la huella de nuestra esencia y no nos permiten descubrir nuestro talento, no permiten liderarnos ni liderar.

La mayor fortaleza del líder es su visión personal que comunica por el ejemplo de su vida diaria.

El liderazgo no es un acto, es una forma de vivir. Hacerse líder es un proceso de continuo desarrollo, y este proceso que requiere por encima de todo deseo, voluntad y persistencia es de responsabilidad y decisión personal.

Un individuo se vuelve líder cuando:

  • Entiende sus fortalezas, sus debilidades, sus valores y su visión del mundo.
  • Cuando confía en la innovación y se adapta al mundo cambiante.
  • Cuando trata al prójimo con amor y actitud positiva.
  • Cuando se fortalece a sí mismo y fortalece a los demás con su ejemplo.

Conocerse a uno mismo es poner orden en la vida. Solamente la persona que sabe lo que quiere puede buscarlo energéticamente.

Si te consideras líder pero jamás de forma consciente has trabajado el autoconocimiento y el autodesarrollo, siento decir que no se trata de liderazgo. Si lo has hecho, enhorabuena, pues el conocimiento y el desarrollo te acercan a diario a la excelencia, al éxito y a la felicidad, tuya y de aquellos a los que lideras.

Por tu bien y por el bien de los tuyos: conócete, lidérate y lidera a tu entorno con tu ejemplo.

Anna Matas.

Programa: PLIS PLAS. DEL CONFORT AL ÉXITO- Autoconocimiento, actitud y puesta en acción.

anna@annamatas.com

www.annamatas.com

@ anna_matas_

Más sobre liderazgo en: “INSIGHT. El epicentro empresarial”